PROPOSICIÓN I
Una substancia es anterior, por naturaleza, a sus afecciones.
Demostración: Es evidente por las Definiciones 3 y 5. .
PROPOSICIÓN II
Dos substancias que tienen atributos distintos no tienen nada en común entre sí .
Demostración: Es evidente por la Definición 3. . En efecto: cada una debe ser en sí y concebirse por sí, esto es, el concepto de una no implica el concepto de la otra.
PROPOSICIÓN III
No puede una cosa ser causa de otra, si entre sí nada tienen en común.
Demostración: Si nada común tienen una con otra, entonces ( por el Axioma 5) no pueden entenderse una por otra, y, por tanto ( por el Axioma 4), una no puede ser causa de la otra. Quod erat demonstrandum (en lo sucesivo Q.E.D.).
Demostración: Si nada común tienen una con otra, entonces ( por el Axioma 5) no pueden entenderse una por otra, y, por tanto ( por el Axioma 4), una no puede ser causa de la otra. Quod erat demonstrandum (en lo sucesivo Q.E.D.).
PROPOSICIÓN IV
Dos o más cosas distintas se distinguen entre sí, o por la diversidad de los atributos de las substancias o por la diversidad de las afecciones de las mismas.
Demostración: Todo lo que es, o es en sí, o en otra cosa ( por elAxioma 1), esto es (por las Definiciones 3 y 5. ), fuera del entendimiento nada se da excepto las substancias y sus afecciones. Por consiguiente, nada hay fuera del entendimiento que sea apto para distinguir varias cosas entre sí, salvo las substancias o, lo que es lo mismo (por la Definición 4. ), sus atributos y sus afecciones. Q.E.D.
PROPOSICIÓN V
En el orden natural no pueden darse dos o más substancias de la misma naturaleza, o sea, con el mismo atributo.
Demostración: Si se diesen varias substancias distintas, deberían distinguirse entre sí, o en virtud de la diversidad de sus atributos, o en virtud de la diversidad de sus afecciones (por la Proposición anterior). Si se distinguiesen por la diversidad de sus atributos, tendrá que concederse que no hay sino una con el mismo atributo. Pero si se distinguiesen por la diversidad de sus afecciones, entonces, como es la substancia anterior por naturaleza a sus afecciones (por la Proposición 1), dejando, por consiguiente, aparte esas afecciones, y considerándola en sí, esto es (por la Definición 3. y el Axioma 6), considerándola en verdad, no podrá ser pensada como distinta de otra, esto es (por la Proposición precedente), no podrán darse varias, sino sólo una. Q.E.D.
Exploración y reflexión sobre las primeras proposiciones de Baruch Spinoza en su obra Ética, donde se sientan las bases de su sistema ontológico. Por Esteban Higueras Galán
Proposición I: La prioridad ontológica de la substancia
Una substancia es anterior, por naturaleza, a sus afecciones.
Spinoza establece que una substancia, definida como aquello que es en sí y se concibe por sí (Definición 3), tiene una prioridad ontológica sobre sus afecciones, que son los modos o estados particulares de esa substancia (Definición 5). Esto significa que las afecciones dependen de la substancia para existir y ser concebidas, mientras que la substancia es autosuficiente en su existencia. Esta idea es fundamental en el sistema de Spinoza, ya que subraya la independencia de la substancia como el núcleo de su ontología, un concepto que reverbera a lo largo de toda su Ética. La prioridad de la substancia no es solo lógica, sino también metafísica, estableciendo una jerarquía en la estructura del ser que Spinoza desarrollará para explicar la relación entre lo absoluto y sus manifestaciones.
Proposición II: La incomunicabilidad entre substancias distintas
Dos substancias que tienen atributos distintos no tienen nada en común entre sí.
En efecto: cada una debe ser en sí y concebirse por sí, esto es, el concepto de una no implica el concepto de la otra. Spinoza argumenta que las substancias, al ser autosuficientes y definidas por sus atributos esenciales, no pueden compartir nada si sus atributos son distintos. Por ejemplo, una substancia con el atributo del pensamiento (como la mente) y otra con el atributo de la extensión (como el cuerpo) no tienen un terreno común en su esencia, ya que cada una se concibe de manera independiente. Esta incomunicabilidad es clave para entender la unicidad de la substancia en el sistema spinozista, preparando el terreno para su monismo, donde solo una substancia infinita (Dios) puede existir, abarcando todos los atributos posibles. Este principio también refleja el rigor lógico de Spinoza, inspirado en el método geométrico, que busca establecer verdades universales a partir de definiciones y axiomas claros.
Proposición III: La causalidad y la necesidad de un vínculo común
No puede una cosa ser causa de otra, si entre sí nada tienen en común.
Aquí, Spinoza introduce un principio fundamental sobre la causalidad: para que una cosa sea causa de otra, debe existir algún tipo de conexión conceptual o esencial entre ellas. El Axioma 5 establece que "no podemos tener conocimiento adecuado de las cosas que no tienen nada en común", mientras que el Axioma 4 afirma que "el conocimiento del efecto depende del conocimiento de la causa". Por lo tanto, si dos cosas carecen de un elemento común, no pueden interactuar causalmente, ya que no hay un medio para que una influya en la otra. Este razonamiento refuerza la idea de que en el universo de Spinoza, todo está interconectado dentro de una única substancia (Dios o la Naturaleza), y las relaciones causales solo pueden darse dentro de este marco unificado. Este principio tiene implicaciones profundas, no solo para la metafísica, sino también para la ética y la epistemología spinozianas, ya que elimina la posibilidad de interacciones arbitrarias y refuerza la necesidad de una comprensión racional del universo.
Proposición IV: Distinción entre cosas a través de atributos y afecciones
Dos o más cosas distintas se distinguen entre sí, o por la diversidad de los atributos de las substancias o por la diversidad de las afecciones de las mismas.
Spinoza aquí establece los criterios para diferenciar las cosas en el mundo: o bien se distinguen por los atributos esenciales de las substancias (como el pensamiento o la extensión) o por las afecciones, que son las modificaciones particulares de esas substancias. Este principio es crucial porque delimita el alcance de la distinción ontológica, excluyendo cualquier factor externo al entendimiento que no sea substancia o afección. En el sistema de Spinoza, donde solo existe una substancia (Dios), las distinciones que percibimos en el mundo (como entre diferentes objetos o seres) se reducen a diferencias en los modos o afecciones de esa única substancia, lo que subraya su monismo ontológico. Este enfoque también resalta el carácter racional de su filosofía, donde todo debe ser comprendido dentro de un marco lógico y sistemático.
Proposición V: La unicidad de las substancias con el mismo atributo
En el orden natural no pueden darse dos o más substancias de la misma naturaleza, o sea, con el mismo atributo.
Spinoza demuestra aquí uno de los pilares de su monismo: no puede haber más de una substancia con el mismo atributo, ya que cualquier distinción basada únicamente en las afecciones no afecta la esencia de la substancia misma. Este argumento lleva a la conclusión de que solo una substancia infinita, que Spinoza identifica con Dios o la Naturaleza, puede existir, abarcando todos los atributos posibles (como el pensamiento y la extensión). Esta unicidad elimina cualquier posibilidad de pluralidad en las substancias, un paso crucial en su sistema que desafía las concepciones dualistas de su tiempo, como las de Descartes, y establece un marco donde todo lo que existe es una manifestación de una única realidad. Esta proposición no solo tiene implicaciones metafísicas, sino también éticas, ya que implica que todas las cosas, incluidos los seres humanos, son parte de una misma substancia, lo que redefine nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos.
Reflexiones sobre el método geométrico de Spinoza
El uso del método geométrico por parte de Spinoza, inspirado en Euclides, es un aspecto distintivo de su Ética. Al estructurar su obra con definiciones, axiomas y proposiciones, Spinoza busca establecer una certeza absoluta en sus afirmaciones, siguiendo un rigor lógico que evite las ambigüedades de los discursos filosóficos tradicionales. Este enfoque refleja su convicción de que la verdad debe ser accesible a través de la razón pura, sin depender de la experiencia empírica o las emociones. Las proposiciones iniciales aquí presentadas sientan las bases de su sistema ontológico, mostrando cómo la substancia, los atributos y las afecciones se relacionan en un marco coherente que culminará en su visión monista. Este método no solo es un ejercicio intelectual, sino también un reflejo de su objetivo de ofrecer una filosofía que guíe al lector hacia una vida racional y libre, un tema que se desarrolla más adelante en la Ética al abordar la libertad humana y la ética frente a las pasiones.
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