Los conceptos nos rodean, pero, ¿son algo más que publicidad?. | ||||
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En la era moderna, los conceptos se han convertido en una pieza clave de nuestra realidad, pero ¿de dónde surgen realmente? ¿Son expresiones profundas de la filosofía o estrategias ingeniosas de la publicidad? Este artículo, titulado Conceptos: ¿Filosofía o Publicidad en la Era Moderna?, explora la dualidad entre los constructos filosóficos —como el "ser" de Aristóteles— y los conceptos publicitarios que impulsan creaciones tecnológicas, como los smartphones o los iPads. A través de esta reflexión, Microfilosofía.com invita a los lectores a cuestionar si los conceptos que nos rodean son herramientas de pensamiento o meros anzuelos comerciales, analizando su impacto en nuestra vida cotidiana y su evolución en el contexto actual.
Para comprender a fondo el texto sobre los conceptos y su dualidad entre filosofía y publicidad en la era moderna, es fundamental situarse en el presente. Este análisis se desarrolla en un momento histórico marcado por la revolución tecnológica y digital del siglo XXI, donde la globalización, el auge de internet y las redes sociales han transformado la manera en que las ideas, los productos y los valores se comunican y consumen. Desde los inicios del siglo, la proliferación de dispositivos como smartphones, tablets y plataformas como Facebook ha impulsado una cultura de conceptos que no solo definen innovaciones tecnológicas, sino también las estrategias de marketing y publicidad masiva, generando una fusión entre lo filosófico y lo comercial.
Estamos en una época de cambio paradigmático, donde las nociones tradicionales de conocimiento y creación han sido desafiadas por la rapidez del consumo cultural y la mercantilización de las ideas. La era moderna, caracterizada por la hiperconectividad y la economía digital, ha visto cómo conceptos filosóficos históricos —como el "ser" de Aristóteles o el "devenir" de Heráclito— coexisten con conceptos publicitarios creados por empresas tecnológicas y marcas, como el iPad de Apple o el concepto de "conexión en tiempo real" asociado a los smartphones. Este cruce refleja una tensión entre el pensamiento abstracto y especulativo de la filosofía y las dinámicas pragmáticas y económicas de la publicidad, un fenómeno que se intensificó con la llegada de la era digital a principios del siglo XXI.
Los conceptos, ya sean filosóficos o publicitarios, funcionan como "máquinas de pensamiento" o herramientas que dan sentido a la realidad, pero su utilidad y propósito difieren según el sistema en el que se insertan. En la filosofía, los conceptos, como el "ser" o el "devenir", emergen de un proceso de reflexión profunda sobre la existencia humana y no requieren de un "artilugio" físico para ser comprendidos; están intrínsecamente ligados a la naturaleza humana y al pensamiento crítico, como lo sostenían pensadores clásicos como Aristóteles o modernos como Heidegger. Por el contrario, en la publicidad, los conceptos —como el de "smartphone" o "iPad"— están diseñados para promover productos, integrándose en un sistema económico donde su valor depende de la capacidad de generar deseo, consumo y una respuesta económica, como el gasto en un dispositivo tecnológico.
Este contexto histórico —de transformación digital y mercantilización— y esta distinción conceptual entre filosofía y publicidad permiten al lector situarse en el núcleo del debate: ¿los conceptos que nos rodean son fruto de un pensamiento profundo o de una estrategia comercial? Con esta base, te invito a reflexionar sobre cómo los conceptos moldean nuestra percepción de la realidad moderna, conectando la tradición filosófica con los desafíos de un mundo saturado de publicidad y tecnología.
Conceptos en la época moderna
Por donde quiera que caminen las ideas se pueden reconocer múltiples conceptos, en nuestro mundo la realidad es producto, el individuo vive rodeado de creaciones imaginarias y son ellas las que otorgan el sentido, sin la idea en la palabra -el concepto- no serían de utilidad creaciones como Ipad, Facebook, Ser, o devenir (sin distinción aquí entre conceptos de publicistas, y conceptos de filósofos, para lo que nos conviene trae sin cuidado) que atañen a la filosofía, ya se trate de creaciones tecnológicas (como las de Steve Jobs) o de las más antiguas creaciones (como la de "ser" en Aristóteles).
Si se piensa que un concepto atiende a un sistema, y funciona en él como una maquina de pensamiento, este concepto no sería aquel fuera de ese sistema, es decir, sería un concepto inútil sin capacidad de afectar al sistema en el que se incluía, y esto es así en todos los conceptos de nuestra realidad. Así, si se piensa en un concepto en publicidad, la diferencia relevante estriba en que el artilugio que representa los valores de ese concepto -ejemplo: Ipad- cuesta una respuesta, que en publicidad casi siempre es dinero. Usted puede experimentar la conexión en tiempo real con sus círculos cercanos, enviarles fotos, comunicarte con las grandes marcas en tiempo real, y para eso usted tiene que hacerse con un artilugio como el nuestro, esto es lo que enseña el concepto de Smartphone. Este es el sistema, el de la comunicación tecnológica, formarse un concepto de Smartphone necesita de un sistema arraigado a la comunicación entre artilugios tecnológicos. Usted ya tiene su concepto de Smartphone, solo le hace falta uno para utilizarlo. Es lo que persigue una estrategia publicitaria digna, se esfuerzan en comunicar la utilidad y ventajas de utilizar su concepto, y con el, el artilugio que los compromete. Como digo, se habla aquí de una creación conceptual realizada por publicistas, y no por filósofos. Y el objeto de la acción siempre trata de posicionar un producto (se trata de una guerra fría y cruda entre marcas) utilizando el concepto de una forma social muy amplia. Se trata de impregnar al máximo numero de personas posibles, e incluso -en la mayoría de productos en venta- a costa de rebajar la utilidad de ese concepto hasta hacerlo más comprensible para la mayoría del publico objetivo.
En cambio para la filosofía, en cuanto habla de artilugios filosóficos, es necesario hacer una objeción; no se trata de artilugios físicos. Pero que cosa digo!, no hace falta ningún artilugio, como ya sabemos se trata de algo parecido a una maquina de pensamiento, todo lo que hace falta para utilizar aquella palabra, aquel constructo, esta en tu naturaleza, esta en la palabra, y se puede decir que situado dentro del cráneo. Y es que la filosofía no puede venderse, la filosofía puede adueñarse. Un concepto en filosofía siempre esta listo para que alguien se adueñe de él, y en este sentido -cuando el concepto pertenece al adueñador tanto como al creador, no tiene cabida que requiera dinero alguno para quienes lo pretenden.
Si se piensa que un concepto atiende a un sistema, y funciona en él como una maquina de pensamiento, este concepto no sería aquel fuera de ese sistema, es decir, sería un concepto inútil sin capacidad de afectar al sistema en el que se incluía, y esto es así en todos los conceptos de nuestra realidad. Así, si se piensa en un concepto en publicidad, la diferencia relevante estriba en que el artilugio que representa los valores de ese concepto -ejemplo: Ipad- cuesta una respuesta, que en publicidad casi siempre es dinero. Usted puede experimentar la conexión en tiempo real con sus círculos cercanos, enviarles fotos, comunicarte con las grandes marcas en tiempo real, y para eso usted tiene que hacerse con un artilugio como el nuestro, esto es lo que enseña el concepto de Smartphone. Este es el sistema, el de la comunicación tecnológica, formarse un concepto de Smartphone necesita de un sistema arraigado a la comunicación entre artilugios tecnológicos. Usted ya tiene su concepto de Smartphone, solo le hace falta uno para utilizarlo. Es lo que persigue una estrategia publicitaria digna, se esfuerzan en comunicar la utilidad y ventajas de utilizar su concepto, y con el, el artilugio que los compromete. Como digo, se habla aquí de una creación conceptual realizada por publicistas, y no por filósofos. Y el objeto de la acción siempre trata de posicionar un producto (se trata de una guerra fría y cruda entre marcas) utilizando el concepto de una forma social muy amplia. Se trata de impregnar al máximo numero de personas posibles, e incluso -en la mayoría de productos en venta- a costa de rebajar la utilidad de ese concepto hasta hacerlo más comprensible para la mayoría del publico objetivo.
En cambio para la filosofía, en cuanto habla de artilugios filosóficos, es necesario hacer una objeción; no se trata de artilugios físicos. Pero que cosa digo!, no hace falta ningún artilugio, como ya sabemos se trata de algo parecido a una maquina de pensamiento, todo lo que hace falta para utilizar aquella palabra, aquel constructo, esta en tu naturaleza, esta en la palabra, y se puede decir que situado dentro del cráneo. Y es que la filosofía no puede venderse, la filosofía puede adueñarse. Un concepto en filosofía siempre esta listo para que alguien se adueñe de él, y en este sentido -cuando el concepto pertenece al adueñador tanto como al creador, no tiene cabida que requiera dinero alguno para quienes lo pretenden.
Escrito de Esteban Higueras Galán. Conceptos de filosofía y publicidad. | ||||
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