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La lógica y la existencia de Dios

La lógica y la existencia de Dios

René Descartes es uno de los pensadores clave a la hora de analizar el problema de la existencia de Dios. En él se basó Baruch Spinoza para, en su Ética explicada según el órden geométrico, tratar de dar una explicación científica e irrefutable, o en otras palabras, definitiva, a algunos de los mayores intangibles de la historia de la humanidad: Dios, el alma, el bien, el mal. Antes hubo otros. El pensamiento cristiano, que dominó el panorama de la filosofía occidental durante toda la Edad Media, utilizó su particular interpretación de ciertas ideas de Platón y Aristóteles para probar la existencia de Dios y explicar el funcionamiento del mundo que Él había creado, siendo Santo Tomás de Aquino el máximo exponente de esta tradición. En cuanto a la prueba de la existencia de Dios, la obra de Spinoza no es sino una exposición más compleja, más precisa, de los argumentos de sus antecesores.


Empecemos hablando sobre el concepto de Dios. Dios es generalmente considerado como ser supremo, causa última de todo lo existente. Se le han dado, a lo largo de las religiones y filosofías características como perfección, infinitud, omnipotencia, omnipresencia -dado que forma parte de la esencia de todos los seres-, etc. Sin embargo, si prestamos atención a dichas cualidades, observamos que ninguna es demostrable según los parámetros científicos que utiliza la humanidad para validar el conocimiento. Es más, estamos hablando de conceptos que son de por sí innacesibles a los seres humanos: perfección y omnipotencia son conceptos que, como seres limitados que somos podemos intentar definir, pero no alcanzar a comprender en su totalidad. 








Uno de los argumentos más recurrentes de la tradición cristiana a favor de la existencia de Dios ha sido la de que "tenemos que venir de algo". Esta prueba es similar a la teoría aristotélica del Primer Motor Inmóvil. En resumen, reza que todo ser debe tener una causa, que a su vez tendrá otra, y así sucesivamente, pero como sería ilógico que la cadena fuese infinita tiene que haber un ser último... al que sin embargo dicha escuela de pensamiento no ha dudado en calificar como infinito. Esto es, se utiliza la misma cualidad que se trataba de explicar para dar la explicación. En mi opinión, esta explicación circular y no comprobable no es mas que un intento de poner límites a nuestro desconocimiento. Un límite formal, pues al fin y al cabo acaba siendo un límite ilimitado, pero al menos es una infinitud que podemos atisbar, algo con lo que sentirnos más cómodos que con un simple interrogante.

Otra de las más célebres pruebas que han esgrimido aquellos que defendieron la posibilidad de afirmar la existencia de Dios mediante la razón es la que se basa en la perfección de Dios. Formulada originalmente por San Anselmo, su planteamiento se reduce a lo siguiente: Dios debe existir porque es lo más perfecto que podemos concebir, y forzosamente lo más perfecto debe existir, porque la no existencia sería un claro signo de imperfección. El fallo radica, como demostraron posteriormente Kant y Hume entre otros, en que el hecho de que podamos pensar algo no implica la existencia de este algo. Dicho de otro modo, para poder aplicarle la cualidad de perfección a un ser, dicho ser tiene que existir, pero si aceptamos su existencia de antemano estamos incluyendo la conclusión que deseamos obtener, o sea, la existencia de Dios, entre las premisas.








Existen algunas pruebas más, que han sido igualmente refutadas. De todo esto no se colige, en cualquier caso, que Dios no exista, sino que no podemos probar su existencia, así como tampoco, y esto es importante, su no existencia. Esto es así porque, como ya he comentado antes, a Dios se le otorgan cualidades con las que el hombre solo puede soñar. No es dificil ver que un ser todopoderoso no encontraría dificultad alguna no solo en resultar indetectable para nosotros, sino en participar en el curso de nuestras vidas, en jugar con nuestras mentes sin que nos diéramos cuenta, provocando que hiciéramos cosas que luego atribuiríamos a nuestro libre albedrío (cualidad que, irónicamente, Descartes atribuyó al genio maligno que utilizó para explicar la duda metódica). El ateísmo, si lo separamos completamente del agnosticismo, yerra entonces tanto como el cristianismo, al afirmar cosas que no puede probar.

La religión es, en última instancia, cuestión de fe. La fe es creencia, y el creyente cree en la existencia de aquello en lo que cree. Sin embargo, el creyente no deja de ser un hombre que vive en una sociedad, que comparte su vida con otros hombres, que a su vez tienen creencias diferentes. Tratar de demostrar la existencia de cosas que, debido a su propia naturaleza, no son verificables, ha sido en el pasado demasiadas veces una estrategia destinada a imponer el modo de ver el mundo de un cierto grupo de personas, así como a justificar la necesidad de ciertas conductas que, de otro modo, habrían sido consideradas no solo contrarias a la ley, sino abominables y más propias de monstruos que de hombres. Dejaré que ustedes mismos hallen en la historia estas horribles situaciones. Yo solo espero que, gracias a ellas, la humanidad se haya hecho más sabia y, de este modo, lleguemos a entender la necesidad de compaginar las creencias propias con la tolerancia de las ajenas.

Aproximación fisico-matematica a la Metafisica

Una aproximación físico-matemática a la Metafísica.
Los Físicos clásicos sostienen que todo fenómeno real se puede medir, y en ello se afanan con su Metrología; sus magnitudes básicas y derivadas, sus unidades de medida; sus sistemas de unidades; sus patrones, sus instrumentos de medida

1.- Introducción:

¿Qué es una idea? - ¿Cuáles son sus magnitudes? - ¿Cuántas dimensiones posee? - ¿Cómo medir una idea?
A estas y otras preguntas elementales voy a tratar de responder en este micro-artículo, hoy, sin más demoras ni vacilaciones.
Los Físicos clásicos sostienen que todo fenómeno real se puede medir, y en ello se afanan con su Metrología; sus magnitudes básicas y derivadas, sus unidades de medida; sus sistemas de unidades; sus patrones, sus instrumentos de medida; etc.
¿Pero todo se puede medir?
Los Físicos han llegado a la conclusión de que lo grande y lo mediano sí se puede medir, pero que lo muy pequeño no se puede medir (del todo). Eso explica el Principio de Incertidumbre de la Mecánica Cuántica.
Por otro lado y desde hace tiempo, los Físicos sueñan con poder combinar la Teoría de la Relatividad con la Teoría Cuántica para llegar a una teoría unificada que todo lo explique: la Teoría del Todo. - ¿Todo? - ¿No será mucho?
Todo sistema político, toda sociedad, toda cultura son autocomplacientes y se vanaglorian de sus propios logros, exagerándolos. - Nuestra admirable cultura parece ser fiel a esta regla.
¿Tanto sabemos? Pues siendo así, podremos contestar a la pregunta siguiente.

2.- Pregunta fundamental
¿Qué es una idea, y qué magnitudes, dimensiones y unidades tiene?
La Física y su Metrología parecen tener serias dificultades en responder a esta simple cuestión: Pues ninguna idea puede pesar 5 kg, ni tener 50 ha de superficie, o 17 A de corriente eléctrica, ni poseer 10 cd de luz, ni estar constituida por 33 mol de materia pensante.
En consecuencia y por reducción al absurdo, llegamos a que las ideas son entes unitarios anímicos, ajenos a la todopoderosa Física.
Tratando de responder a la pregunta anterior (que es la central de este micro-ensayo), surge la necesidad (idea) de definir unas magnitudes anímicas adicionales a las siete magnitudes básicas manejadas en la actualidad por los físicos (y que son, a saber: masa, longitud, tiempo, temperatura, intensidad de corriente eléctrica, intensidad luminosa y cantidad de materia).

3.- Respuesta fundamental
La tabla que ofrecemos a continuación resume nuestra propuesta al respecto: Siete magnitudes metafísicas básicas, con sus correspondientes unidades de medida: el Descartes (De), el Sócrates (So), el segundo (s), el Galeno (Ga) , el Ortega y Gasset (Or) , el Kirchhoff (Ki) y el Leibniz (Le).

La tabla se puede descargar del aquí.

4.- Las siete magnitudes básicas metafísicas
El tiempo {t; s} es una magnitud tanto física como metafísica. De hecho, una vida es la intersección del mundo físico con el mundo anímico, intersección que se produce durante un cierto intervalo de tiempo. El tiempo es el eje principal de simetría de toda nuestra existencia.
La consciencia {cg; De} es la masa anímica del cerebro. La consciencia evalúa el número de neuronas que están despiertas (activas e interrelacionadas) en un momento dado. Se puede definir como el nivel de atención neuronal de la mente. Acudiendo al axioma de las conjeturas razonadas se corresponde con el número de transformadores (o cambiadores de perspectiva) que están actuando en un instante dado en el cerebro.
La tercera magnitud fundamental anímica son los conocimientos {co; So}. Representan la trayectoria (o el recorrido) mental realizado por un cerebro; su discurrir. En consecuencia y por analogía, se corresponden con la longitud del mundo físico {x}.
La empatía {em; Ga} refleja el calor o la frialdad en el trato; evalúa la manera de relacionarse con los demás. Se corresponde con la temperatura del mundo físico.
El ánimo {an; Or}, es decir, la alegría ó tristeza interior de un organismo, su ilusión o desilusión vital, constituye otra magnitud básica de la Metafísica. Se corresponde con la intensidad de corriente eléctrica en Física.
Una correspondencia fácil de establecer, por estar presente en el lenguaje y en la literatura, se refiere a la luz y nos conduce a la sexta magnitud básica de la Metafísica: la trascendencia.
La última magnitud básica que buscamos es la cantidad de espíritu {ne; Le}; el número de mónadas que contiene un alma (usando la terminología de Leibniz).

5.- Conclusiones
1) Las ideas y los pensamientos son algo más que Física; escapan a la Física; son Metafísica.
2) Su medición sólo podrá ser abordada si se definen unas magnitudes metafísicas adicionales e independientes de las siete magnitudes básicas del Sistema Internacional de unidades de medida.
3) La hipótesis de que existen tantas magnitudes básicas metafísicas como físicas y el establecimiento de equivalencias y analogías entre ambos tipos de magnitudes, permite hallar un conjunto razonado de magnitudes básicas metafísicas. - Es lo que acabamos de hacer.
4) Las leyes físicas fundamentales pueden traducirse al plano metafísico con ayuda de las correspondencias (equivalencias) establecidas: la ley de la gravitación universal, la segunda ley de Newton, los cuatro principios de la Termodinámica, la ley de Ohm, la ley de Stefan & Boltzmann, etc., etc. – Es lo que iremos desarrollando en futuros micro-trabajos.
5) Las leyes metafísicas (así obtenidas) resultan interesantes de interpretar, y podrán llegar a ser útiles en Filosofía, Psicología, Neurología, etc. (una vez puedan ser validadas y calibradas).

¡Hasta la próxima idea, querido micro-filósofo; y no te olvides de ser feliz siempre!
Andrés Martínez de Azagra Paredes

Nota: Este pequeño artículo está dedicado a mi padre y es un resumen de una comunicación presentada al X Congreso Internacional de Ontología, celebrado en San Sebastián (España) el 2 de octubre de 2012.

Autor: Andrés Martínez de Azagra Paredes.Web del autor: Oasification
(No va de Filosofía. Sólo pretende oasificar montes y mentes :-) )